Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

7 junio, 2020 – Espiritualidad digital

Un dios solo es un dios triste

Hagamos una pregunta arriesgada, que nos ayude a sondear lo inabarcable. Si Dios es el cúmulo de toda perfección, ¿puede estar solo? Experimentamos la soledad como pobreza, porque el ser necesita comunicarse. Por tanto, si corresponde a Dios toda perfección, también le corresponde la compañía. Un dios uno y solo es un dios triste. La Trinidad nos muestra, en ese caso, la última de las perfecciones que Dios nos ha revelado de Sí mismo: Él es comunión constante entre Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas y un solo Dios verdadero.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Esa misma comunión interior de Dios, entre las tres divinas personas, se extiende al hombre como los rayos del sol. Dios ama al hombre en su Hijo, con ese Amor que es el Espíritu. Y, al entregarse el Hijo en la Cruz, el Amor llega a nosotros, desde su costado abierto, como vida eterna. Porque el Espíritu es Amor y es Vida.

Porque te amas, me amas. Porque no estás solo, no estoy solo yo. ¡Bendita y adorada seas, verdadera y única Trinidad!

(SSTRA)