Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

mayo 2020 – Página 3 – Espiritualidad digital

Ni un minuto sin Dios

No ha dejado de conmoverme, en cada misa, ese momento en que, antes de comulgar, rezo en voz baja la oración que termina diciendo: «Y jamás permitas que me separe de ti».

Quienes se aman, encuentran su alegría en estar juntos, y tiemblan ante la posibilidad de separarse. Es el propio Cristo quien no quiere estar separado de los suyos ni por un momento:

Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros. A través de su Espíritu, quiere el Señor acompañar al cristiano en cada momento de su vida, convirtiendo en hogar su alma y habitando allí con él. Y, sin embargo, nosotros parecemos empeñados, muchas veces, en vivir sin Él. Nos engolfamos en las tareas de este mundo, salimos de nuestra alma, y lo dejamos allí solo, como diciendo: «Espérame, que ahora vuelvo». Perdemos, entonces, la presencia de Dios.

Procura llevar un crucifijo en el bolsillo, y tener cerca, siempre, imágenes de la Virgen o del Señor. Lleva contigo el rosario, y pronuncia, interiormente, miles de jaculatorias cada día. Pon todos los medios para tener el recuerdo de Cristo siempre a mano. Hagas lo que hagas, no pases ni un segundo sin Él.

(TPA06)

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Los que volamos

Por heroico que parezca, porque las historias de agentes encubiertos siempre lo son, la vocación del cristiano no es la de un infiltrado a quien introducen con pasaporte falso en un ambiente ajeno. No tenemos que infiltrarnos en el mundo, porque hemos nacido aquí, en este mundo y en este siglo lleno de dispositivos electrónicos, redes sociales, virus, blasfemias y posibilidades inmensas de comunicación.

Como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia. Estamos aquí, hemos nacido aquí, y no necesitamos infiltrarnos, porque vivimos aquí. Pero no somos de aquí. Por el Bautismo, Cristo nos ha convertido en hijos de Dios y ciudadanos del Cielo.

Por eso, vivimos aquí como quien está de paso, como quien señala a los hombres el camino a la Patria, como quien rompe horizontes y mira, gozoso, a lo alto. No es extraño que el mundo nos odie, porque somos espíritus libres, volamos alto, y la historia de Juan Salvador Gaviota se repite cada siglo. Pero también son muchos quienes, al vernos volar, recuerdan que tienen alas, y se dejan rescatar por Cristo.

Vivimos aquí, pero vamos al Cielo. Y no queremos llegar solos.

(TP05S)

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Hacer amigos

Lo de «hacer amigos» lo cantaba Joan Baptista Humet allá por 1984, en el álbum «Sólo soy un ser humano». ¡Qué gran cantautor! ¡Y qué arte tan desconocido, el de hacer amigos! ¡Y qué necesidad tan grande, para un ser humano, y para un cristiano, la de hacer amigos!

Desde que se inventó Facebook, la palabra «amistad» está devaluada. Prefiero a Aristóteles, quien decía que, para que existiera amistad, dos personas debían haber consumido juntas varios kilos de sal. Y prefiero, sobre todo, al Señor, quien nos ofrece hoy dos claves sobre la amistad verdadera:

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos… A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído de mi padre os lo he dado a conocer.

Ponlo en práctica, porque, para un cristiano, apostolado y amistad son lo mismo. Pero elige bien: en la iglesia tienes hermanos; los amigos, mejor, tenlos fuera. Nada más aberrante que dos almas piadosas teniendo «diálogos de carmelitas» en la terraza de un bar.

Acércate a quienes no creen, entrega tu vida por ellos, y muéstrales lo que tú has oído de labios de Cristo. Ten amigos, y hazlos amigos del Señor.

(TP05V)

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Luck, be a lady tonight

Quien no haya visto «Guys an Dolls» tiene un serio problema cultural. Le aconsejo buscar la película, disfrutarla, y conocer a Sky Masterson.

Sky Masterson es el mejor lanzador de dados de todos los tiempos. «Luck, be a lady tonight», canta… y la suerte, que nunca le abandona, se comporta como una dama y guía sus dados hasta la gloria, encarnada en fajos de billetes. Inolvidable.

«Luck, be a lady tonight». Antes que Sky Masterson, los apóstoles ya pedían a la suerte que se comportara como una dama. Y una dama, una auténtica dama, se inclina ante su Señor, como se inclinó la Dama más dama de la Historia, que fue la Virgen. La suerte es, también, esclava del Señor. Y los dados señalaron a Matías.

A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. «¡Qué suerte, ser tu amigo!», diría Matías. Yo también lo digo. Qué suerte de padres, que me bautizaron; qué suerte de amigos, que me hablaron de Ti; qué suerte de sacerdotes, que me instruyeron. Somos tipos con suerte, con más suerte que Sky Masterson. Su gloria eran fajos de billetes; la nuestra es Cristo.

(1405)

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La vid, el automóvil, y los pucheros

La clave de la alegoría de la vid y los sarmientos está encerrada en un verbo: permanecer. Ese verbo sobrevive a la propia alegoría, cuando, más adelante, el Señor invite a los suyos a permanecer en su amor.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Esa unión de permanencia, que es unión de hogar, no consiste, para un seglar, en mantenerse durante horas y horas ante un sagrario. Tampoco consiste en pasar el día engolfado en pensamientos místicos, porque, en ese caso, tendría un accidente de automóvil o se le quemaría el guiso. Mientras conduces, tu atención debe estar en la carretera; y, mientras cocinas, en el puchero.

La unión de permanencia del cristiano con Cristo consiste en no tener vida propia, como no la tiene el sarmiento, porque todo él pertenece a la vid. Si el cristiano está tan lleno de sí mismo que habla de sí incluso cuando reza, se ha separado del Señor, y se secará. Pero si está tan lleno de Cristo que, cuando conduce, es Cristo quien conduce, y cuando guisa, es Cristo quien cocina… Ése da fruto abundante.

(TP05X)

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Primum vivere

El apostolado no consiste en responder a preguntas que la gente no se ha hecho, sino en vivir de tal modo que la gente se haga preguntas.

Si te acercas a quien no conoce al Señor, y pretendes atizarle una charla de media hora sobre la templanza, será él quien te mande a ti a templar… gaitas. ¿Por qué le atosigas con algo que no le preocupa? ¿No ves que le encanta emborracharse? ¡Déjalo en paz, hombre!

Pero si estás cerca de él, y, en lugar de reprocharle, vives tu vida de enamorado de Jesucristo sin respetos humanos, tu alegría y tu cariño, tan naturales como sobrenaturales, lo descolocarán. «¿De dónde saca eso?», se preguntará. Después, te lo preguntará. Y, entonces, le responderás. Y no le hablarás sobre la templanza, sino sobre Cristo.

Si tu vida, tu oración y tu mortificación no van por delante de tu palabra, tu apostolado será estéril.

Es necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que, como el Padre me ha ordenado, así actúo. Aplícatelo: es necesario que quienes te rodean comprendan que amas a Cristo, y que vives como auténtico cristiano. Tu templanza enamorada hablará más que tu charla inoportuna.

(TP05M)

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¡Me alegra que me haga esa pregunta!

Dicen los cursis en las ruedas de prensa: «Me alegra que me haga esa pregunta». Les tomo la frase prestada, y le digo a san Judas: «¡Me alegra que le hagas al Señor esa pregunta!»

Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo? La pregunta es necesaria, especialmente en Pascua. ¿Por qué Cristo resucitado no se manifestó a todos, sino a unos pocos?

Jesús no se manifestó sólo a quienes creían. En ese caso, tendría que haberse aparecido a Caifás, quien tan seguro estaba de la resurrección de Cristo, que sobornó a los soldados para que mintiesen. Tomás, sin embargo, no creía, y vio al Señor. Jesús se manifestó a quienes lo amaban. Si lo amamos, lo veremos. Aunque no como ellos.

Tras su Ascensión, Jesús ya no se manifiesta a los ojos, sino a los oídos. El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. Quienes aman al Señor atesoran sus palabras, y, a través de ellas, no sólo el Hijo, sino la Trinidad entera toma posesión del alma y se manifiesta al cristiano como un Amor que lo llena todo.

(TP05L)

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