Evangelio 2020

23 mayo, 2020 – Espiritualidad digital

El don de piedad

Solemos llamar «piadosas» a personas que pasan mucho tiempo en la iglesia. Pero hay quien pasa mucho tiempo en la iglesia y no es nada piadoso. Y hay quien reza mucho, pero reza como un pagano. La piedad no se mide así.

El don de piedad es uno de los siete dones del Espíritu, y, cuando se posa en lo profundo del alma, la rejuvenece hasta tal punto que el cristiano se vuelve niño, tan niño que casi no sabe hablar, tan niño que apenas balbucea: «Papá», «Papito».

Vivimos, entonces, como hijos pequeños de Dios. Nada nos altera, porque nos sabemos rodeados de los fuertes brazos del Padre, y en ellos dormimos en medio de las mayores contrariedades.

Cuando pedimos, pedimos con atrevimiento y confianza, como los niños, que saben que su Padre los ama, y quiere lo mejor para ellos. Y cuando Dios escucha la súplica de sus pequeños, se enternece y sonríe. Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere.

En ocasiones, para un niño, la mejor súplica consiste en mirar a Dios con ojitos de pena y musitar: «¡Papá!». ¡Eso es piedad!

(TP06S)