Evangelio 2020

6 mayo, 2020 – Espiritualidad digital

Cueva de santos y de demonios

La boca del hombre es una cueva. Y, si montas guardia a la entrada, verás salir por ella a quien habita dentro.

Coloca, Señor, una guardia en mi boca, un centinela a la puerta de mis labios (Sal 141, 3). En el corazón del cristiano conviven, a menudo, el Cordero y la fiera. Si el guardia se duerme, la fiera se abre paso y sale de la cueva a través de los labios, sembrando destrucción.

Solamente cuando el Cordero ha tomado posesión del corazón puede el hombre hablar sin medir sus palabras, porque el que Dios envió habla las palabras de Dios (Jn 3, 34). Cuando el santo abre la boca, Cristo amanece.

Pero, hasta que la fiera haya sido sometida, pídele a tu ángel custodio que monte guardia frente a tus labios, y te advierta cuando el mal esté a punto de salir por ellos. Es hora de callar y rezar.

Lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado el Padre. Ojalá puedas un día decir, tú también: «lo que yo hablo, lo hablo como me ha encargado Cristo». Pero, hasta que ese día llegue, ten cuidado, por favor. Podrías hacer mucho daño con la palabra atolondrada.

(TP04X)

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