Evangelio 2020

4 abril, 2020 – Espiritualidad digital

Una burra y un asesino

En el libro de los Números (cap. 16, 22ss.) se nos cuenta cómo Dios hizo profetizar a la burra de Balaán en contra de su amo. Nos viene bien el relato a quienes predicamos diariamente: no nos escogió Dios para predicar porque haya visto en nosotros cualidades especiales, sino por puro Amor. Igual que se sirve de nuestros labios, puede servirse de los labios de un jumento. Es toda una cura de humildad.

Incluso el cinismo de Caifás, uno de los asesinos de Cristo, lo aprovechó Dios para profetizar. La burra de Balaán, al menos, obedecía a su Creador. Pero si se sirvió el Señor de un asesino para hablar a su pueblo, el predicador que se engría es un necio.

No comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera. Así habló Caifás, y anunció a lo sumos sacerdotes que la muerte de Cristo convenía.

Y aún conviene. Allí donde hay pecado, se necesita un Cristo que lo padezca y lo redima. No nos apartemos jamás de quienes hacen el mal. ¿Quién los sufrirá, si no? ¿Quién los redimirá? Conviene, allí donde hay pecado, que haya un cristiano que lo sufra.

(TC05S)

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