Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

27 marzo, 2020 – Espiritualidad digital

El Crucifijo no se toca

El misterio entra por los ojos, y se profana con las manos. Quiere ser contemplado en actitud de sobrecogimiento y éxtasis. Pero, cuando el hombre intenta manipularlo, el misterio, ante ese ultraje, se desvanece y huye. Por eso nuestra generación ha perdido la capacidad de éxtasis: quiere manipularlo todo, la vida y la muerte, porque se resiste a admitir la existencia de algo mayor que el propio hombre. Tanto peor para ella: una humanidad incapaz de arrodillarse es presa de su propia ceguera.

Intentaban agarrarlo; pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora. He aquí el verdadero rostro de la Pasión de Cristo, que es el rostro que esconde todo pecado: el hombre quiso «agarrar», «echar mano» al propio Dios, del mismo modo que ha querido apoderarse del misterio de su propia vida y manipularlo. La voz de Satanás le cautivó: Seréis como dioses (Gén 3, 5).

Sólo de rodillas podemos acercarnos al misterio de Cristo. Estos días deben ser días de postración, de mansedumbre, de obediencia, de humildad, de sencillez, de contemplación. El Crucifijo no se toca: se mira, como lo miró la Virgen. Cristo es mi Redentor, no un instrumento en mis manos.

(TC04V)

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