Evangelio 2020

21 marzo, 2020 – Espiritualidad digital

No te justifiques; déjate justificar

parábola del fariseo y el publicano«Mire, padre: yo trato de ser todo lo paciente que puedo con mi suegra… Pero me busca las cosquillas todo el rato y, al final, estallo»… Quien se confiesa así no se acusa; se justifica. Es decir, recubre su pecado con argumentos que le hacen parecer justo… ¡Qué digo «justo»! Parece un santo, víctima de una suegra pérfida.

Así se confesaba el fariseo: No soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo.

Mientras tanto, el publicano se acusaba: ¡Oh, Dios! Ten compasión de este pecador.

Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquel no. ¡Qué curioso! Quien se justifica a sí mismo lo hace solamente por fuera, como quien recubre con barniz de santidad un cubo de basura. Sin embargo, quien se acusa a sí mismo es justificado por Dios. Y Dios no te justifica por fuera; te envía su Espíritu, que te limpia por dentro y te hace «justo», es decir, santo.

Nunca te justifiques en tus pecados. Más bien, acúsate, y deja que sea Dios quien, entrando por la puerta de tu contrición, te haga santo.

(TC03S)

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