Evangelio 2020

febrero 2020 – Espiritualidad digital

El telonio con estampita

¿Dónde estaba Mateo? El propio apóstol dice que estaba sentado al mostrador de los impuestos. Es decir, estaba en «sus cosas»: su negocio, sus problemas, su dinero, sus planes… Seguramente, estaba donde estás tú: buscándote la vida. Si extiendes un poco el brazo, quizá tropieces con Leví. Tan cerca estáis.

Hasta que Jesús lo llamó: Y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. De repente, todo quedó atrás: su negocio, sus problemas, su dinero, sus planes… su vida. Dejó de buscarse la vida, porque había encontrado la Vida. Y, ante sus ojos, ya no hubo más horizonte que Cristo.

Sígueme. Es Jesús quien te ha llamado, como a Mateo. Y no has tenido otra ocurrencia que mostrarle la estampa de san Pancracio que tienes en el telonio y decirle: «Ya te sigo, mira: yo rezo»… ¡Y sigues sentado, robando, sin inmutarte! Jesús pasa de largo, entristecido, mientras repones el perejil de la estampita.

¡Levántate! No dejes que se marche. Grítale, dile que no quieres seguir engañándote a ti mismo, que quieres dejarlo todo y seguirlo a Él. ¿O vas a esperar a la próxima Cuaresma? Aprovecha ésta, porque no sabes si habrá próxima Cuaresma para ti.

(TC0S)

Huelga de hambre

No hay Cuaresma sin ayunos. Pero los ayunos no son el centro de la Cuaresma. Si así fuera, estaríamos viviendo un tiempo de dieta, no un tiempo de penitencia.

Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán. El centro de la Cuaresma es Cristo, el esposo, y el ayuno es una huelga de hambre, porque estamos descentrados. Nuestros pecados han expulsado al Señor del centro de nuestras vidas, y no queremos comer si Él no está.

Cuando Samuel, tras haber conocido a los hijos mayores de Jesé, pidió que trajeran al pequeño David, se declaró en huelga de hambre: Manda a buscarlo, porque no nos sentaremos a la mesa, mientras no venga (1Sam 16, 11). Exactamente eso es lo que hacemos nosotros en Cuaresma: «Señor, sabemos que han sido nuestros pecados los que nos han apartado de ti. Pero nos sentimos incapaces de traerte de vuelta, porque estamos esclavizados. Por tanto, nos negaremos a comer hasta que vuelvas».

En «comer» no incluyas sólo el escalope: incluye tabaco, alcohol, palabrería, WhatsApp inútil, ruido, murmuración… Pero ten claro que si, detrás de tus ayunos, no hay un corazón quebrantado que echa de menos al Señor, de poco te servirán.

(TC0V)

Hoy tienes que decidirte

Dice el Deuteronomio: Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal (Dt 30, 15). Hoy tienes una decisión que tomar: o Dios, o tú. No hay término medio, porque quien elige a Dios, y elige algo más, no elige realmente a Dios.

O te sigues buscando a ti mismo, y haciendo lo que te da la gana, mientras pones a Dios como excusa y lo utilizas como herramienta para tus planes, o te niegas a ti mismo, obedeces, y te vuelcas completamente en Él.

Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. No te conformes pensando que todo está decidido ya; que te entregaste hace tiempo al Señor y no necesitas renovar esa entrega. Míralo bien, y comprueba cómo aquel sí se ha ido cubriendo de pequeños noes: concesiones, compensaciones, moderaciones… ¡Negaciones!

Hoy se te pide que te quedes a solas con el Señor, que escuches su llamada, y respondas como quien entrega la vida por vez primera. El Señor te llama: «¿Quieres venir en pos de Mí? Ya sabes lo que conlleva. Elige».

Y elige de verdad.

(TC0J)

Un plan cuaresmal

Ésta será, si tu quieres, la cuaresma de tu vida. ¿De verdad quieres?

Pues, si es así, todo comienza este miércoles de ceniza. Al recibirla sobre tu cabeza, celebra los funerales de tu hombre viejo. Desde hoy, y hasta el domingo, recógete en un profundo examen de conciencia: busca tu defecto dominante, reconoce los pecados que has cometido y procura identificar las cadenas –o los hilos de seda, que no sé qué es peor– con que Satanás te tiene atado. Formula tres propósitos: uno referido a la oración, otro referido al ayuno, y otro referido a la limosna. Antes del domingo, en una buena confesión, manifiesta tu arrepentimiento y tu propósito de enmienda.

Y, a partir del próximo domingo, te propongo un plan cuaresmal: Cristo. Entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora. Dedica estos cuarenta días a conocerlo, a amarlo, y a quedarte a solas con él. Busca un buen libro que te ayude a meditar su vida o su Pasión; busca el silencio para escuchar su voz; y busca el sagrario, que es el Horeb donde Jesús te mostrará su rostro.

No necesitas nada más. Éste es tu plan cuaresmal: Cristo. Sólo Cristo. Lo demás te sobra.

(TC0X)

Amor paciente

¡Cómo os gustaría, padres, que vuestros hijos cambiasen al momento, cuando los instruís o los reprendéis! ¡Cómo os gustaría, maestros, que vuestros alumnos aprendieran las lecciones conforme las enseñáis! ¡Cómo os gustaría, apóstoles, que vuestros amigos se convirtiesen al escucharos hablar de Cristo! ¡Cómo nos gustaría, sacerdotes, que nuestros feligreses hicieran caso de lo que predicamos en las homilías!

Pero lo cierto es que las cosas, en la condición humana, no funcionan así. Nos guste, o no. Es lo que hay.

Decía Jesús: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán. Y, a los pocos segundos, los apóstoles por el camino habían discutido quién era el más importante. Por si fuera poco, horas antes de morir Jesús, mientras compartía con los Doce su Última Cena, se produjo también un altercado a propósito de quién de ellos debía ser tenido como el mayor (Lc 22, 24). Poco tiempo le quedaba ya al Señor para repetir las cosas.

Quisiéramos redimir a los demás «desde arriba»: instruirles desde el púlpito, y que aprendiesen. Pero, si no aprendieron del Señor, tampoco aprenderán de nosotros. Jesús nos ha enseñado cómo redimir a las almas: desde abajo, sufriéndolas.

(TOP07M)