Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

21 enero, 2020 – Espiritualidad digital

Los que comemos dentro del santuario

Hablábamos ayer de ayunos… Para ayuno, el que hubieran tenido que hacer los hombres que acompañaban al rey David, de no haber ido en tan privilegiada compañía:

¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre, cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, y se los dio también a quienes estaban con él?

De haber ido solos aquellos hombres, el tal Abiatar los hubiera enviado a pedir limosnas al bar El Cruce, donde está la estaca que «si no pagas, me descuelgo». Pero era el Rey quien lo pedía… Entraron en el santuario, y saciaron su hambre allí.

¡Afortunados, quienes caminamos con Cristo, porque se nos abren las puertas del santuario! Lo más sobrecogedor, lo que jamás hubiera sospechado el rey David, es que ese santuario es el cuerpo del propio Jesús. Y en Él entramos en cada misa, y allí devoramos, locos de amor, ese cuerpo, y así quedamos saciados de Dios.

No sé si somos conscientes de lo que sucede cuando comulgamos. Creo que, si lo fuésemos, no habría cristiano que no comulgase a diario.

(TOP02M)

“Evangelio