Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

12 enero, 2020 – Espiritualidad digital

Un intercambio de corazones

Cuando el Señor rezaba los salmos, ¿qué sentido tenían, en sus labios, palabras como éstas: Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. Contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad en tu presencia (Sal 50, 3-6)?

Ante las aguas del Jordán, Juan interrogó a Jesús por el mismo misterio: Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? ¿Cómo recibirá el Dios tres veces santo un bautismo de penitencia instituido para el pecador?

La respuesta la había dejado escrita el Profeta Isaías cientos de años antes: Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron (Is 53, 5).

Cargado con mis pecados, como si fueran suyos, pidió Jesús perdón al Padre por la maldad que yo había cometido. Porque Él rezó aquel salmo, puedo yo rezar éste: Hazme justicia, Señor, que camino en la inocencia (Sal 26, 1). Porque Él fue bautizado, el Bautismo ha sanado mi alma. Porque Él subió mis culpas a su Cruz, mi cruz, que ya es la suya, me lleva a mí al Cielo.

(BAUTSRA)

“Evangelio