Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

5 enero, 2020 – Espiritualidad digital

El pañuelo de la Virgen

Asombrado ante la Encarnación del Verbo divino, Juan exclama: Hemos contemplado su gloria. Se refiere a la visión que le fue regalada en el Tabor, y también a las apariciones del Resucitado. En ambos casos, la humanidad santísima de Cristo dejó traslucir, ante los ojos del discípulo amado, la gloria de su divinidad.

Tú y yo, sin embargo… La visión de la gloria del Hijo nos está reservada para el Cielo.

Aunque adornamos, a menudo, la cabeza del Niño Jesús con esos tres rayos que se llaman «potencias», al Niño Dios, en Belén, no le salían rayos de la cabeza. No busques signos visibles de su divinidad entre los pelitos del Mesías recién nacido.

Yo te mostraré una ventana que me acerca a un amor que sólo un Dios puede mostrar, pero no te ofendas. Al Niño Jesús no le saldrían potencias del cráneo, pero me conmueve contemplar a la Virgen limpiándole los moquitos, como hace cualquier madre con su niño. Los niños moquean muchísimo. Y, qué quieres que te diga, ver a Dios moqueando, y a su madre sonándole la nariz, me inspira tal devoción que besaría ese pañuelo con el mismo fervor con que besaría el santo sudario.

(TNA02)

“Evangelio