Evangelio 2020

diciembre 2019 – Página 2 – Espiritualidad digital

Luz y sombras; silencio y ruidos

Cuando no hay luz, tampoco hay sombras. Todo es oscuridad. Aunque la pupila de los hombres, con el tiempo, se dilata, y aprenden a vivir entre tinieblas una vida triste.

Hasta que se hace la luz. Y, con ella, surgen los colores, y también las sombras. Ayer nos decía san Juan que el Verbo vino a su casa, y los suyos no lo recibieron (Jn 1, 11). Lo sabemos, porque tuvo el Niño Dios que nacer en un establo. Y lo comprobamos hoy, ante la lapidación de Esteban.

Dios envía al mundo su Palabra, y los hombres, dando un grito estentóreo, se taparon los oídos (Hch 7, 57). La gente grita mucho, porque no quiere escuchar al Verbo de Dios. No soportan el silencio, les da miedo. ¡Es tan real! Para muchos, «fiesta» significa sólo ruido; ruido y petardos, que nada se oiga, que no se escuche a Dios. Si los peces, en el río, beben, y beben, y vuelven a beber, los hombres, en el mundo, hablan, y hablan…

Tú guarda silencio ante el Belén. Porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros. Calla, contempla, y deja hablar a Dios.

(2612)

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Belenes vivientes

fervorSe ha encendido una luz, y se ha llenado el mundo de belenes, en los que el Niño Dios resplandece y alumbra la tierra.

Esa luz no se ha encendido en las aceras de las calles, ni en los escaparates de los comercios. Esa luz, la verdadera luz de Navidad, la ha encendido Dios en las almas en gracia, en las que ha alumbrado a su Hijo Jesús. Esas personas, cautivadas por una alegría serena, espiritual y desbordante, son belenes vivientes que todo lo iluminan.

El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Mírate por dentro. ¿Estás encendido? ¿Brillas con el brillo del Dios encarnado? Entra en tu alma, y goza de ese resplandor, porque Cristo ha nacido en ti. Hoy has sido besado con un beso de Luz. Y, ahora, deja que esa luz alumbre también a quienes te rodean: hazlos partícipes de la gracia del Bien Nacido.

Tu propósito, tu ofrenda de amor al Niño Dios: en estos días, ni un mal gesto, ni una mala palabra, ni un enfado. No permitas que nada te quite el buen humor. Sonríe mucho. Sé, entre los tuyos, un belén viviente, porque, para muchos, la Navidad eres tú.

(2512)

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Redimidos por un beso

Esta noche, en la Misa del Gallo, nuestros labios darán el primer beso a la imagen del Niño Dios. ¡Con cuánto cariño, con cuánta ternura nos acercaremos a mostrarle nuestro amor y a rendirle nuestras vidas! Y nos sucederá lo mismo que nos sucede cuando comulgamos: en ese sagrado momento, en que devoramos al Hijo de Dios, es Él quien realmente nos come, y hace de nosotros cuerpo suyo. Del mismo modo, esta noche, cuando nos acerquemos al besar al Niño, será Él quien bese nuestros labios, y, con un beso, nos redimirá.

Porque ese Niño es la misericordia encarnada de Dios, la salvación que nos libra de nuestros enemigos: el mundo, el demonio, y la carne. Y, así, al congregar en torno a Él toda nuestra atención, todo nuestro amor, y todos nuestros pensamientos en un beso, seremos librados de las redes que nos tenían atrapados, y podremos servir al Señor con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Ya se que es sólo una imagen de madera, o de pasta; ya sé que no se trata de un sacramento. Pero, yo que tú, prepararía ese beso con la misma devoción con que preparas la sagrada comunión.

(2412)

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Únete a la conspiración

Hace tres días escuchábamos aquel virginal hágase, el «fiat» de María que abrió las puertas de la Historia al Verbo encarnado. Pero, en aquel complot en que tierra y cielo se confabularon para salvar al hombre, había tres personas más implicadas, y también ellos tuvieron que decir su «fiat».

¡No! Se va a llamar Juan. Ahí tienes el «fiat» de Isabel. Y el de Zacarías, que llegó con nueve meses de retraso, y por escrito: Juan es su nombre. Con estas palabras, los dos esposos dejaron entrar en su vida al plan de Dios, y apartaron sus propios planes y las expectativas de los hombres. La cuarta persona implicada en la conspiración es el propio Juan. Y él, que aún no podía hablar, pronunció su «fiat» bailando.

Dios quiere que formes de parte de esta bendita insurrección que acabará con el poder del pecado. Y, para ello, tendrás que prestar tu juramento y pronunciar tu «fiat». ¿Sabes ya cuál es?… Venga, no te hagas el remolón, que apenas quedan dos días. ¿Qué es eso que te está pidiendo Dios, y que no le has dado aún? ¡Sí, sí, exactamente «eso»! Pues, a «eso», di «fiat». Y ¡Bienvenido a la conspiración!

(2312)

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Todo comienza en María

San Mateo es muy poco amigo de prolegómenos. Comienza su evangelio sin presentarse, con la fuerza de quien planta sobre la mesa un documento: Libro del origen de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán (Mt 1, 1). Tras la extensa genealogía, comienza el relato: La generación de Jesucristo fue de esta manera:

El lector podría esperar, ahora, un «En aquel tiempo…». Pero, de nuevo, Mateo va a lo esencial. Y, comienza el relato, directamente, con un nombre propio.

María, su madre

Queda perfectamente entendido. Si, para Juan, el origen de la Redención comienza en el cielo, donde existía el Verbo, Mateo busca el origen terreno de esa misma Redención, el momento en que el Verbo irrumpió en la Historia. Y ese origen es María. En ella empieza todo. Si con Eva comenzó la perdición, la salvación comienza en María.

No quieras comenzar sin ella, porque ella es el camino hacia Cristo, como Cristo es el camino hacia el Padre. Acércate a María, vive junto a ella y junto a José estos próximos días, y, cuando nazca el Hijo de Dios, estarás en el mejor de los palcos: sentado en las rodillas de tu madre, que es, también, madre suya.

(TAA04)

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