Evangelio 2020

22 noviembre, 2019 – Espiritualidad digital

La casa y la cueva

El que reza busca a Dios; el bandido busca su ganancia. En casa, el hombre descansa y recibe amor; en la cueva, el bandido se esconde y trama el mal.

Escrito está: «Mi casa será casa de oración»; pero vosotros la habéis hecho una «cueva de bandidos».

Entra en tu alma. ¿Qué encuentras? ¿Cuáles son tus pensamientos? ¿Hablas con Dios en tu interior, o estás sumido en un monólogo permanente? Las almas con vida interior no piensan, rezan; su pensamiento está formulado en segunda persona. En lugar de pensar: «iré a casa», oran: «vamos a casa, Señor». Por eso nunca están solas. Sin embargo, el «hombre pensante» cavila consigo mismo para decidir qué le conviene. Es como el bandido, busca su ganancia. Pero está solo.

¿Es tu alma hogar? ¿Hay alguien allí, esperándote, cuando entras? ¿Encuentras al Paráclito, y gozas del fuego que ha encendido en tu corazón? ¿Descansas con Él dentro de ti? Las almas con vida interior llevan su hogar dentro de ellos. Sin embargo, el bandido tiene el alma fría. Sus silencios no son descanso, sino engaño, cobardía y ocultación. Cuando entra en sí mismo, siempre se está escondiendo.

¿Qué tienes dentro: un templo, o una cueva?

(TOI33V)