Evangelio 2020

16 noviembre, 2019 – Espiritualidad digital

El pensamiento de la muerte

La obsesión con la muerte lleva a la locura. El pensamiento sereno de la muerte infunde sensatez. La ignorancia de la muerte provoca idiocia.

El cristiano no se obsesiona con la muerte, porque ya está obsesionado, y lo está con Cristo. Sin embargo, el cristiano cuenta con la muerte, piensa en ella, y la mira de frente, como quien mira la puerta de entrada al Hogar donde termina su peregrinación.

Es cierto, da miedo, ¿para qué negarlo? Si el propio Cristo se dirigió a la muerte sudando sangre, ¿qué esperamos nosotros? Pero el temblor queda en el cuerpo, porque el cuerpo, tras esa puerta, no ve nada; y la nada da miedo. El alma, sin embargo, iluminada por la fe, divisa una luz muy hermosa detrás de ese umbral; es la luz de los brazos amorosos de Dios, que esperan al cristiano para introducirlo en el Paraíso.

Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?

Cuando Jesús venga a buscarme, quiero que me encuentre lleno de fe. Por eso, debo vivir de fe. Es la mejor manera de asegurarme de morir con fe. Y no sólo con fe; también con esperanza. Quisiera morir de amor.

(TOI32S)