Libros de José Fernando Rey Ballesteros

17 octubre, 2019 – Espiritualidad digital

Jamás mates a un profeta

Matar a un profeta significa deshacerte de quien te habla en nombre de Dios. Israel mató a los profetas, porque aquellos hombres, enviados del Altísimo, ponían en evidencia sus pecados.

«Les enviaré profetas y apóstoles: a algunos de ellos los matarán y perseguirán»: y así a esta generación se le pedirá cuenta de la sangre de todos los profetas.

Pero matar profetas no siempre conlleva violencia física. Te mostraré un ejemplo: escuchas en la homilía, o en el confesonario, palabras que te disgustan, porque ponen en evidencia tus pecados. No estás dispuesto a aceptarlas, porque ello conllevaría cambiar de vida, y no quieres cambiar de vida. Entonces, al salir de la iglesia, comienzas a hablar mal del sacerdote, y lo desprestigias ante quienes te escuchan. Lo has matado como profeta, porque a muchos, después de oírte, les costará reconocer en él las palabras de Dios; más bien, recordarán las tuyas, y no le obedecerán.

Jamás hables mal de un sacerdote; no lo mates como profeta. Si ves en él algo digno de reproche, díselo a él, o, si llegara el caso, a su obispo. Pero jamás lo desprestigies ante el resto de los fieles. Eso no le gusta a Dios.

(TOI28J)