Libros de José Fernando Rey Ballesteros

3 octubre, 2019 – Espiritualidad digital

La misión del discípulo

Nada más estresante, para una pobre criatura, que creerse Dios. Sin embargo, en ocasiones, algunas personas se sienten obligadas a salvar a sus semejantes y a resolverles todos sus problemas. Como no lo logran, se angustian.

Existe una falsa caridad, que puede ser, más bien, soberbia. Es el convencimiento de que tienes que solucionar la vida de los demás, cuando ni siquiera puedes con la tuya. Anda, déjale a Dios su trono, y ocupa el lugar que te corresponde, que es un lugar maravilloso y asequible:

Los mandó delante de él. Tu misión es, simplemente, preparar a las almas para que se encuentren con Dios, y, después, dejarle a Dios hacer el trabajo de la Redención. Rezar por ellos, ayunar por ellos, hablarles de Cristo, animarlos a acercarse a la Iglesia, invitarlos a que acudan al sacramento del Perdón… Muchos ni siquiera te harán caso. Y otros, animados por ti, se acercarán y se encontrarán con Cristo. Tú pasarás de largo, y el Señor los salvará. Incluso puede que ellos te olviden. ¡Qué misión tan preciosa!

Aunque, para que se cumpla, tendrás tú que cumplir primero el mandato de Cristo: ¡Poneos en camino! Sentado, no puedes acercar almas a Dios.

(TOI26J)