Libros de José Fernando Rey Ballesteros

7 agosto, 2019 – Espiritualidad digital

El gran regalo de la comunión diaria

Comulgar cada día no es un acto de virtud, ni un propósito que deba hacerse para cumplirlo con esfuerzo, ni un «grado superior» sobre la piedad del cristiano medio. Comulgar cada día es un privilegio, un regalo preciosísimo del Cielo, una señal de predilección divina.

A aquella mujer que le pedía que expulsara al demonio de su hijo, Jesús le replicó:

No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.

Y ella reconoció, con gran humildad:

Pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.

La Eucaristía es el pan de los hijos. Comparado con ella, un exorcismo no es sino migajas. Porque, por el exorcismo, el alma se vacía de la presencia del Malo. Pero, con la Eucaristía, se llena el alma del Bueno.

Cuando una persona comulga a diario, si lo hace con fervor y reverencia, se va convirtiendo, día tras día, en otro Cristo.

Pero si el cristiano se acostumbrara a recibir ese Pan cada día, y lo recibiese con rutina y sin fervor, estaríamos echando a los perros el pan de los hijos. ¡Dios nos libre! Y ¡líbrate tú también! ¡Cuidado con la rutina!

(TOI18X)