Libros de José Fernando Rey Ballesteros

1 agosto, 2019 – Espiritualidad digital

Temblar no siempre es malo

Temblamos poco. En parte, porque no nos apetece; en parte, porque no está de moda. Una religión «políticamente correcta» (que la hay) tiene que ser, más bien, gratificante y aduladora, y buscar más el relax interior que el temblor. Por eso pasamos por alto, o interpretamos «benévolamente» todos aquellos pasajes evangélicos que nos harían temblar. Ahí va un ejemplo:

Al final de los tiempos, saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno de fuego.

Uno puede escuchar esto, salir de misa y comerse un croissant; o puede temblar por dentro, pensando que también dice el evangelio que nadie es bueno, sino solo Dios (Lc 18, 19). ¿Quién podrá, entonces salvarse?

Obviamente, Dios. Él es el único bueno. Y, así, en la causa del temblor se esconde el fundamento de la esperanza. El amor a Dios nos hace buenos. Su bondad se transmite, por la gracia, a quien lo ama.

Quien ama a Dios no puede condenarse. Porque, aún en el Infierno, seguiría amando a Dios, y el Demonio lo echaría de allí.

No tengas miedo a temblar. El niño que tiembla se protege. El que no tiembla, sin embargo… ése sí da miedo.

(TOI17J)