Libros de José Fernando Rey Ballesteros

agosto 2019 – Espiritualidad digital

La corona de la Virgen de Fátima

Cuando, en el santo rosario, llamamos a la Virgen «reina», desgranamos su reinado, y decimos: «reina de los ángeles, reina de los patriarcas, reina de los profetas, reina de los apóstoles, reina de los mártires, reina de los confesores, reina de las vírgenes, reina de todos los santos…». Pero yo me quedo con el último de sus títulos: «Reina de la paz».

Porque el saber que los destinos del mundo, y mi destino personal, están en sus manos, me llena de paz.

También a vosotros. El poder de la Virgen María no es un poder simbólico, como si la hubieran nombrado «reina de las fiestas». Es un poder misterioso, pero real, muy real. Ante un solo movimiento de sus ojos, llevados al cielo, todos los coros angélicos comparecen ante ella, dispuestos a obedecer sus órdenes.

La Virgen de Fátima tiene una corona preciosa. En esa corona engastaron la bala que obedeció a sus designios cuando penetró en el cuerpo de san Juan Pablo II, y cambió su trayectoria para respetar la vida del pontífice. Esa corona grita, dulcemente, al mundo, que el poder de la Virgen santísima es real: «Al final, mi corazón inmaculado triunfará». ¿No os llena de paz?

(2208)

Él trabajó primero

Cada mañana, al levantarnos, deberíamos escuchar esa voz del cielo: Id también vosotros a mi viña.

Es la voz del Señor, que nos llama. En varias ocasiones, durante su vida, comparó el reino de los cielos con una viña. Y el trabajo, en una viña, consiste en sacar vino. Para que no nos desanimemos, Él trabajó primero. Quien al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña, antes de salir, se agotó durante la noche hasta morir. Y, como Vid de Dios, fue pisado en el lagar de la Pasión hasta que, de su costado, brotó el vino nuevo que nos alimenta cada día.

Id también vosotros a mi viña. Trabajar en esa viña es un privilegio; no se comprende a aquellos empleados que sintieron envidia del buen ladrón, quien sólo durante unos minutos pudo amar a Cristo como lo amó, aunque heredase el reino de los cielos. Pero, a la vez que un privilegio, trabajar en esa viña es un sacrificio; el único sacrificio que vale la pena. Conlleva dejarse pisar, cansarse por Dios, aceptar humillaciones, contrariedades y enfermedades para unirse al sacrificio de la Vid. Y, sobre todo, conlleva obedecer; porque, obedeciendo, entregamos cada minuto de nuestras vidas.

(TOI20X)

La lista Forbes y el reino de los cielos

La lista Forbes nos informa sobre las personas más ricas del Planeta. Por tanto, si alguna vez quisieras saber lo rico que eres, tendrás que consultar en qué numero te encuentras de esa lista. Quizá seas el 3.508.437.654… No está mal, uno arriba o uno abajo. Pero ten cuidado:

En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.

Así pues, si quiero saber las posibilidades que tengo de salvarme, tendré que consultar de nuevo la lista, y comprobar que estoy, al menos, en la última cuarta parte del ranking. Yo creo que, a partir de número 7.537.846.231, comienza a haber posibilidades de obtener una entrada al Paraíso.

Mentira. Todo mentira. La lista Forbes no tiene nada que ver en todo esto. Si, realmente, quieres saber lo rico que eres, donde tienes que consultar es en tu propio corazón. Pregúntate qué te importa, además de Dios. Quizá obtengas este resultado: «además de Dios, me importan mi imagen, mi salud, mis planes, mi dinero…».

Cuando nada te importe, salvo Dios, y el prójimo –por Dios–, entonces serás realmente pobre, y entrarás en el reino de los cielos. Aunque fueras el primero en la lista Forbes.

(TOI20M)

No está en hacer, sino en amar

A menudo, cuando visito a ancianos que se encuentran impedidos, escucho esta frase: «Padre, ¿qué hago ya en este mundo? No puedo moverme, me tienen que ayudar a todo y no puedo ayudar a nadie. ¿Por qué el Señor no me lleva con Él?». Detrás de su queja, está el convencimiento de que el Cielo se gana haciendo cosas. Cuando ya no puedes hacer cosas, ¿qué pintas aquí?

El joven rico también pensaba así: Maestro, ¿qué tengo que hacer de bueno para obtener la vida eterna?Y Jesús le advierte: Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego ven y sígueme.

Semejante gesto no es una «cosa buena», sino un disparate propio de quien se ha enamorado perdidamente. La perfección, según Jesús, no consiste en hacer, sino en amar hasta la locura.

Eso le digo a mis ancianos: No puedes hacer, pero puedes amar. Y eso hace que tu vida sea muy valiosa. Aunque perdieras la cabeza, podrías seguir amando, que el Alzheimer no apaga el corazón. ¿Qué quiere Dios de ti? Que ames mucho. Dios quiere que haya en la tierra corazones que amen.

(TOI20L)

El enfriamiento global

Quizá haya quien piense que habría que reservar estos pasajes evangélicos para enero, cuando la prensa no viene llena de incendios, pirómanos, y subidas de temperaturas:

He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!

Sólo faltaba un texto como éste para que nos culpen a los cristianos del apocalipsis climático, como culpó Nerón a la Iglesia primitiva del incendio de Roma.

Te ofreceré una visión del Planeta distinta a la que capta el Meteosat:

Hace un frío terrible; vivimos la peor de las glaciaciones. El amor a Cristo desaparece de las almas, y los corazones se congelan entre pantallas e indiferencias. Muchos cristianos, que acuden a los templos, han refrigerado su piedad sepultándola entre el hielo de una vida burguesa. Van a misa, y rezan, pero todo lo hacen con desgana… Les despierta más pasión el fútbol, o la política, que Jesucristo.

He venido a prender fuego a la tierra

El mundo necesita pirómanos; corazones encendidos de amor a Jesucristo que incendien la Tierra y derritan las almas de los hombres como cera. Cuando provoquemos ese necesario «calentamiento global», el Señor podrá volver tranquilo a instaurar su reino, sabiendo que nos encontrará preparados.

(TOC20)