Libros de José Fernando Rey Ballesteros

13 junio, 2019 – Espiritualidad digital

Cristoestima

simón y judasDurante su paso por la tierra, el corazón humano del Señor mostró predilecciones, que no son lo mismo que la acepción de personas. Privilegió a tres apóstoles: Pedro, Santiago y Juan, y les confió su intimidad en el Tabor y en Getsemaní. Privilegió a Marta, María y Lázaro, en cuyo hogar de Betania descansaba como si fuera su casa.

No tengo la menor duda de que, en el Cielo, ese corazón humano sigue teniendo sus predilectos. Y esos predilectos son sus sacerdotes. Dirás que el sacerdote que escribe tiene inflamada la autoestima. Bueno, confieso que tengo inflamada la «Cristoestima». Me la ha inflamado Él. Palpo y saboreo esa predilección cada día.

Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy.

Los sacerdotes somos regalo del Padre al Hijo; le pertenecemos, somos suyos. Y quiere que estemos donde Él está: en la Cruz. Esa Cruz es nuestro hogar y nuestra vida, nuestro altar y nuestra Hostia. Un sacerdote que no está crucificado es un pobre hombre fuera de su casa.

¿Qué pediréis hoy para los sacerdotes? Pedid lo más necesario: que seamos santos, que estemos inquebrantablemente unidos a la Eucaristía que ofrecemos cada día.

(XTOSESC)