Libros de José Fernando Rey Ballesteros

6 junio, 2019 – Espiritualidad digital

El Cristo extendido, y el niño con rabieta

El día de Pentecostés, los apóstoles estaban reunidos. Llegó el Espíritu, y los dispersó. Sin embargo, los unió. Que no es necesario estar reunidos para estar unidos. La unión que tejió el Espíritu es la de un solo corazón y una sola alma.

Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros.

Cuando un niño coge una rabieta, se tapa la cara, se repliega detrás de las rodillas como si volviera a la posición fetal, y se acurruca en un rincón. Un cuerpo encogido es un cuerpo cerrado sobre sí mismo, que nada quiere saber del mundo. Una Iglesia permanentemente reunida no es una Iglesia unida: parece una Iglesia con una rabieta.

El cuerpo de Cristo es lo contrario a un cuerpo replegado sobre sí mismo. Con los brazos extendidos en la Cruz, quisiera alcanzar hasta los confines de la Tierra. Ésa es la vocación de la Iglesia: nos reunimos en torno al altar, y nos congregamos para recibir la buena doctrina. Pero, después, animados por el Espíritu, nos dispersamos entre los hombres para iluminar el mundo. Y, como somos uno en Cristo, así llenamos de Cristo la Tierra.

(TP07J)