Libros de José Fernando Rey Ballesteros

5 junio, 2019 – Espiritualidad digital

Dulce huésped del alma

Me cuenta una madre de familia que su hijo adolescente llegó de madrugada a casa «alegre». En el fondo, lo que quiere decir es que el pobre hijo está vacío, no es feliz, y tiene que buscar la alegría en el alcohol. Poco dura esa alegría; y amarga es la resaca que viene después.

Los «me alegro mucho de verte» duran hasta que te alegras de que se marche la visita. No es lo mismo alegrarte de ver a quien viene a comer, que tener que darle conversación hasta la hora de cenar, porque no se marcha ni con agua caliente.

¿Dónde encontrarás una alegría que perdure?

Digo esto en el mundo para que tengan en sí mismos mi alegría cumplida.

Está Jesús pidiendo al Padre el Espíritu para ti y para mí. Él es la alegría cumplida, el «gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos». Gozo y paz son sus frutos. Quien lo recibe y lo saborea conoce la verdadera felicidad.

«Me alegro de verte», le dirás cuando venga en Pentecostés. Pero, en esta ocasión, más aún te alegrarás de que permanezca en ti. Una vez que lo recibas, guárdate del pecado; no lo expulses jamás.

(TP07X)