Libros de José Fernando Rey Ballesteros

junio 2019 – Espiritualidad digital

Reza, pero no te conformes

¡Qué paradoja! A quienes no rezan, hay que decirles que, sin oración, no podrán salvarse. Y, a quienes rezan, hay que recordarles que no basta rezar para alcanzar el Cielo. Ambas advertencias son ciertas; aplícate que la que te convenga. Sin oración, la amistad con Cristo es imposible. Pero la oración, sin obediencia ni entrega de la vida, se convierte en pasatiempo espiritual para burgueses.

Podría haber dicho Jesús que la oración es la roca sobre la que se asienta la vida del santo. Pero, más bien, sus palabras apuntan a que la santidad se fundamenta en la obediencia amorosa.

No todo el que me dice «Señor, Señor» entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca.

Te lo digo especialmente a ti, porque, si estás leyendo estas líneas, supongo que rezas. Y, por el Amor de Dios, no dejes de rezar por nada del mundo. Pero no te conformes con rezar. Haz verdad tu oración: obedece, cumple la voluntad de Dios, entrega la vida.

(TOI12J)

Hogueras en verano

Con los calores de final de junio, evangelios como éste son poco refrescantes. Pero tampoco nos salvará el aire acondicionado. Aunque no refresquen el cuerpo, las palabras de Jesús vivificarán el alma:

El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego.

Son palabras parecidas a las que recoge san Juan durante la última cena:

Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden (Jn 15, 6).

Jesús no pronuncia estas palabras para amenazar al hombre con el fuego eterno, sino, precisamente, para que lo evite, y realice durante su vida lo que, después de la muerte, sólo puede cumplirse por la condena.

Repara en el árbol de tu ego. Es mastodóntico, y te encanta mirarlo, admirarlo y hacerlo admirar todos los días. Pero no da fruto, no aprovecha a nadie más que a tu orgullo. Tálalo, trocéalo, y arrójalo, por la penitencia, la obediencia y la oración, al Fuego del Espíritu. Deja que la divina gracia queme tu «yo», y te convierta en otro Cristo. Serás, no un árbol nuevo, sino un sarmiento vivo de la nueva Vid: Cristo.

(TOI12X)

Esa dulce angostura

Éstos son mi madre y mis hermanosSi la puerta del Cielo es estrecha, en esa estrechez se encuentra toda la dulzura de Dios derramada en la Cruz. Si es ancha la puerta de la perdición, su anchura es tan vasta y seca como los desiertos.

Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.

Jesús crucificado es la puerta de la Vida. La meditación de su sagrada Pasión nos acaba llevando al Cielo a través de la obediencia. Es angosto el camino, porque renuncias, para recorrerlo, a tu propia voluntad. Tienes que despojarte, como dijo san Ignacio, de libertad, memoria, entendimiento, como fue despojado Jesús de sus vestidos. Pero, en esa desnudez, te abraza el Crucificado, imprime en ti sus llagas, y podrías morir de un ataque de alegría.

No entiendo por qué mucha gente reza, y después hace lo que le viene en gana. Creen que, rezando sus oraciones mientras recorren el camino ancho, se salvarán. Pero, ni les hace feliz la oración en este mundo, ni podrán llegar al Cielo si no cambian de camino.

(TOI12M)

Una misión que cumplir

Detrás del modelo social que llamamos «Estado de bienestar» se oculta toda una concepción de la vida: lo que importa es «estar bien». Una vida sin confort no merece ser vivida. Si la llegada de un niño va a romper tu bienestar, lo abortas. Si tu matrimonio te hace sentir mal, te divorcias. Y, si una enfermedad te impide disfrutar de la vida, te haces (o te hacen) «eutanasiar». El único propósito del hombre sobre la Tierra es «estar bien»… Hasta que te mueres, claro, y entonces ya no estás.

Se va a llamar Juan… ¿Qué será de este niño? Porque la mano del Señor estaba con él.

Zacarías e Isabel renunciaron a elegir el nombre de su hijo, porque Dios había elegido su nombre y su destino. Desde el seno materno, aquel niño tenía una misión que cumplir, y no era la de «estar bien». Al contrario: por cumplirla, sufriría hambre, persecución, prisión y muerte. Pero Juan era una flecha lanzada por Dios hacia el Cielo, y se clavó en la diana. Así nos enseñó que la vida no es para «estar bien» y después morirse, sino para cumplir la misión asignada por Dios y vivir eternamente con Él.

(2406)

El Pastor en la custodia

Me han preguntado si no será irreverente detener la procesión del Corpus en la plaza del centro comercial a la una y media de la tarde, mientras cientos de personas están sentadas en las terrazas de los bares tomando el aperitivo, y realizar allí una estación a Jesús sacramentado.

No es irreverente, es maravilloso. Porque es precisamente allí, donde los hombres comen y beben, donde debemos mostrarles el Pan de vida, el alimento que sacia sin cansar. Cuando elevo la custodia sobre todas esas mesas y todas esas gentes, me siento el más distinguido de los camareros. Miro a mi alrededor, y veo cómo algunos se levantan de las sillas, dejan aparte cerveza y calamares, y se santiguan con reverencia. Otros, ya sabe usted, otra de gambas y qué pesados son los curas.

Pero en todos queda el recuerdo. Y, en quienes quieran aceptarlo, el mensaje de que a Cristo le importan, y así ha querido abandonar el sagrario para ir Él a donde están los que no van donde está Él. En la custodia lo siento como un pastor que sale a buscar a las ovejas perdidas.

¡Sal con Él! No faltes hoy a la procesión del Corpus Christi.

(CXTIC)