Libros de José Fernando Rey Ballesteros

30 mayo, 2019 – Espiritualidad digital

Dime cómo estás triste…

Me han preguntado, en ocasiones, si es un pecado la tristeza. Responder que sí sería una temeridad, cuando el propio Jesús, en Getsemaní, afirmó: Me muero de tristeza (Mt 26, 38).

Hay una tristeza que es pecado y es fruto del egoísmo. Aparece cuando nos empeñamos en dar vueltas y vueltas en la cabeza a nuestros pequeños o grandes problemas, y los convertimos en centro del Universo, cerrándonos sobre nosotros mismos y sepultándonos en nuestra propia fosa.

Hay, también, una tristeza santa. Es la tristeza del Señor, la que angustia su corazón a causa de nuestras culpas, la que hace llorar al pecador contrito, la que causa las lágrimas del santo ante la increencia de los hombres.

Y hay una tristeza que no es, en sí misma, ni santa, ni pecaminosa. Es la tristeza natural que experimentamos ante cualquier desgracia: la muerte de un ser querido, la humillación, el fracaso…

Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría.

La primera tristeza sólo se vuelve alegría cuando el pecador se convierte. La segunda se vuelve alegría cuando Dios responde a ella con su Amor. Y la tercera se vuelve alegría cuando la lloramos en el corazón de Cristo, nuestro consuelo.

(TP06J)