Libros de José Fernando Rey Ballesteros

7 mayo, 2019 – Espiritualidad digital

Adorad postrados

El discurso del Pan de vida va mucho más allá del anuncio de la comunión sacramental. Jesús mencionará, desde luego, la necesidad de comer su carne y beber su sangre. Pero, antes, en el mismo momento en que habla de Sí mismo como pan de vida, parece referirse a un pan al que uno se acerca con fe:

Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás.

Aún no han aparecido los verbos «comer» y «beber», pero ya quedan satisfechas sed y hambre cuando el cristiano se acerca a ese pan y cree. Todo ello sucede en el culto de adoración eucarística. En esa postración del hombre ante la sagrada Hostia, sin que medie una comunión corporal, el alma ya se sacia con la contemplación del Dios escondido en las sagradas especies.

La Eucaristía no ese sólo pan para comer. Es, también, belleza para contemplar y manifestación de Amor. Una genuflexión embelesada, una hora de adoración ante la custodia, una visita al Santísimo, son un «cuerpo a cuerpo» y «alma a alma» en los que el creyente acaricia a Cristo y resulta acariciado por Él.

(TP03M)