El Mar de Jesús de Nazaret

11 marzo, 2019 – Espiritualidad digital

Las obras y el corazón

Visitar y cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar posada al peregrino, vestir al desnudo, redimir al cautivo, enterrar a los muertos… Cuando hablamos de obras de misericordia, nos referimos a los frutos que emanan de un corazón misericordioso. Y no son tanto las obras, en sí mismas, sino el corazón que ellas desvelan, el que es premiado.

Venid, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber

En el restaurante dan de comer al hambriento, en el bar dan de beber al sediento, y en la sastrería visten al desnudo. Pero todo eso se hace por dinero. Es bueno que existan restaurantes, bares y mercerías. Pero, sin misericordia, el mundo sería inhabitable.

Más que esforzarte en practicar las obras de misericordia, esconde tu corazón en la fragua del Corazón de Cristo, hasta que se derrita y se torne misericordioso. Considera cómo Él te alimenta en la Eucaristía, cómo te viste con su gracia, cómo te hospeda en su pecho, cómo te visita en tu destierro… Medítalo hasta que llores. Y, después, haz tú lo mismo.

(TC01L)