Libros de José Fernando Rey Ballesteros

16 febrero, 2019 – Espiritualidad digital

Sufre el Dios que no puede sufrir

El sufrimiento de Dios es la gran proeza de su amor hacia los hombres. Porque Dios no puede sufrir. Él es la dicha en estado puro, y no cabe en Él padecimiento.

Sin embargo, Dios puede sufrir, y sufre. Podría decirse que se ha encarnado para poder sufrir. Al revestirse de la condición humana, y adoptar un corazón de carne, se ha puesto al alcance de nuestros golpes, y ha compartido nuestros dolores.

Siento compasión de la gente.

Estas palabras nunca hubieran podido ser dichas por Dios, si Dios no se hubiera encarnado. En Jesús, Dios se ha vuelto compasivo. Y esa compasión, por la que tus dolores y los míos suscitan lágrimas en los ojos de Cristo, no es sino el principio de la Pasión, en la que nuestros pecados taladraron el corazón del Hijo de Dios.

Jesús nunca tuvo dolores propios. Fueron nuestros dolores los que Él sufrió. Ni le verás quejarse de una enfermedad, ni le escucharás lamentarse por su pobreza. Pero nuestros pecados lo matarán de angustia.

Y, sin embargo, sobre su Pasión está escrito: Espero compasión, y no la hay (Sal 69, 21).

¿Tendrás tú compasión de Dios, como Él la ha tenido de ti?

(TOI05S)