El Mar de Jesús de Nazaret

24 enero, 2019 – Espiritualidad digital

Estrujamientos

La escena es espeluznante. No estoy seguro de que me hubiese gustado estar allí. Las aglomeraciones me producen pánico.

Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío… Todos lo que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.

¡Pobre Jesús! Un Cristo estrujado es un Dios entregado como pan a una multitud hambrienta. Pero, debido a las naturales limitaciones de la física, sólo unos pocos de aquellos que empujaban pudieron tocar al Señor durante unos segundos. Los demás sufrirían los empujones, pero volverían a casa sin haber logrado ni siquiera aproximarse.

¡Bendita Eucaristía! ¡Todo Cristo para mí, durante todo el tiempo que yo quiera! No tengo que empujar a nadie, salvo a mis distracciones y apegos mundanos. Y nadie me empuja, salvo el Espíritu, que me lleva al altar para que coma y sea comido.

Piénsalo bien: aquellos hombres sufrieron empujones durante horas para llevarse, los más afortunados, un «poquito» de Jesús. Tú lo tienes a tu disposición, entero, en el sagrario, y puedes devorarlo cada día en la santa Misa para quedar curado de tus culpas. ¿Lo aprovechas? ¿O será Jesús quien tenga que «hacer cola» para estar contigo?

(TOI02J)

“Evangelio