El Mar de Jesús de Nazaret

23 enero, 2019 – Espiritualidad digital

Enfermos incurables

El Papa Francisco ha hablado de este mundo como un «hospital de campaña». Ya lo creo que lo es. Nadie hay bajo el sol que no esté enfermo. Tú, que te jactas de tener buena salud, estás enfermo. Mírate por dentro, y, si no ves tu enfermedad, te diré cuál es: la ceguera.

La sinagoga en la que entró Jesús estaba llena de enfermos. Uno de ellos tenía una mano paralizada. Jesús le dijo: «Extiende la mano». La extendió y su mano quedó restablecida.

Eso fue lo más fácil. Para el Hijo de Dios, curar una enfermedad corporal es muy sencillo. Más difícil lo tiene con las dolencias del alma, que son los pecados. No puede sanarlos si no encuentra contrición en el pecador.

Echando en torno una mirada de ira y dolido por la dureza de su corazón

Con los corazones duros, todo el poder de Dios se queda en nada. Y, ante ellos, en lugar de curar al hombre, es Jesús quien enferma y llora.

No dejes que se te endurezca el corazón. Déjate corregir, sé humilde. Y, si tu corazón ya se ha endurecido, al menos reconócelo ante Dios y ante el confesor. Así comenzará a ablandarse.

(TOI02X)

“Evangelio