El Mar de Jesús de Nazaret

16 enero, 2019 – Espiritualidad digital

Paño de lágrimas

No seas de esas personas que van exhibiendo sus dolores ante los demás. Cuando abren la boca, todo son ayes y lamentos. Son capaces de confesar sus problemas más íntimos ante la cajera del supermercado y las cuatro personas que esperan en la fila, con tal que los compadezcan. Si te los encuentras por la calle, te da miedo preguntarles «¿qué tal estás?», no vaya a ser que te lo cuenten.

Todos necesitamos llorar. Pero deberíamos saber escoger bien el hombro sobre el que verter nuestras lágrimas, para no faltar al pudor ni hacer el ridículo.

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella.

Sabían lo que hacían. Dice un salmo: Encomienda a Dios tus afanes, y él te sustentará (Sal 55, 23). Porque las penas se le cuentan al buen amigo, y Dios es el mejor amigo del hombre.

Aprende a desahogar tus dolores ante el sagrario, o delante del crucifijo. Te aseguro que no encontrarás mejor consuelo. Y, después, ante los hombres, guarda tus penas y escucha las suyas. Porque, si vas quejándote ante todos de lo mucho que sufres, ¿quién podrá apoyarse en ti? Pensarán: «Bastante tiene con lo suyo».

(TOI01X)

“Evangelio