El Mar de Jesús de Nazaret

30 diciembre, 2018 – Espiritualidad digital

Los padres perdidos y el Niño hallado

¿Os perdisteis alguna vez, cuando eráis niños? Yo recuerdo el día en que me perdí; no puedo recordar todos los detalles –era muy pequeño–, pero sí recuerdo la angustia. Para mi mente infantil, fue un pequeño apocalipsis. Sin mis padres cerca, toda referencia vital desaparecía, y yo me disolvía en la nada.

Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados.

Cuando Jesús se perdió, la angustia la sintieron sólo sus padres. Él contaba con una referencia vital: ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?

En realidad, fueron José y María quienes se perdieron; la desaparición de Jesús les arrebató la única referencia que daba sentido a sus vidas.

No quisiera perderte jamás, Niño Dios. Puedo perder mis cosas, mi honra, mi salud y a mis amigos. Mis seres queridos, un día, se marcharán; o, si no se marchan, me marcharé yo. Pero si te perdiese; si, por un momento, desaparecieras de mi lado, o me alejara yo del tuyo, moriría.

Has permitido muchas cosas en mi vida que yo aún no entiendo. Las doy por buenas, aunque me duelan. Pero jamás, ¡jamás! permitas que me separe de Ti.

(SDAFAMC)

“Evangelio