El Mar de Jesús de Nazaret

20 diciembre, 2018 – Espiritualidad digital

Un lugar para nacer

El egoísmo de los hombres obligó a Dios a nacer en un establo, rodeado de inmundicia y custodiado por bestias. Por hermosos que sean nuestros «portales de Belén», no debemos olvidar que aquel escenario fue un ultraje.

Sin embargo, antes de ser dado luz entre animales, el Verbo divino encontró el habitáculo más digno que ha existido jamás sobre la tierra: las purísimas entrañas de una inmaculada cuyo corazón estaba rendido a Dios.

He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

El seno de aquella virgen era el Paraíso terrenal, el único lugar de la tierra donde el pecado no reinaba, y donde la gracia divina encontró su trono. Para el Hijo de Dios, pasar del Padre a la Madre fue como pasar, del cielo del cielo, al cielo de la tierra.

Ahora nos toca a nosotros. No podremos, desde luego, ofrecerle al Señor un alma tan limpia como la de la santísima Virgen. ¡Ya nos gustaría! Pero tampoco quisiéramos repetir aquel ultraje, y ofrecerle un muladar para nacer.

Anda, confiesa en estos últimos días de Adviento, purifica tu espíritu con la gracia y las buenas obras. Que, al menos, se parezca a Betania nuestra alma.

(2012)

“Evangelio