El Mar de Jesús de Nazaret

28 noviembre, 2018 – Espiritualidad digital

El apostolado de la «santa envidia»

El Señor nunca engañó a nadie. A quienes querían seguirlo, desde el principio les mostró los obstáculos y dificultades que tendrían que afrontar para ser discípulos suyos. Nunca dijo que ser santo fuera fácil; al contrario, explicó que no existe santidad sin cruz, ni cruz sin sufrimiento.

Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles

Los tiempos no son buenos. Confesar que uno va a misa no tiene el mismo efecto que confesar que uno es del Atlético de Madrid. Si dices que eres del Atleti, se ríen de ti en broma, con guiños de camaradería. Si dices que vas a misa, te juzgan y te condenan por lo bajo y por lo alto. Sin embargo, nunca ha sido más necesario que los laicos habléis de vuestro amor a Dios con santa naturalidad.

Si no podéis respaldar vuestra confesión de fe con una vida ejemplar (¿quién puede?), respaldadla con una vida feliz y enamorada. De este modo, al ver vuestra alegría, fruto de una vida interior seria y gozosa, los mismos que os juzgan os envidiarán. Y, movidos por esa «santa envidia», muchos de quienes comenzaron por reírse acabarán pidiéndoos que los acerquéis a Dios.

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