El Mar de Jesús de Nazaret

20 noviembre, 2018 – Espiritualidad digital

Yo quiero ser tu botín

No podemos olvidar aquel «abrid las puertas a Cristo» con que san Juan Pablo II comenzó su pontificado. En mis oídos de adolescente, aquellas palabras sonaron como la dulce y poderosa llamada de un Hijo de Dios que deseaba entrar en mí.

Así resonaron, también, las palabras de Jesús en los oídos de Zaqueo:

Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa.

¿No has sentido, tú también, esa misma prisa ante la llamada de Cristo? Los prudentes de este mundo te dirán que vayas con cuidado. Pero tu respuesta debe ser la del enamorado, no la del contable. El «sí» urge.

Luego te das cuenta de por qué, ante esa llamada, muchos deciden no abrir. Dejar entrar a Cristo en tu vida tiene sus riesgos (¡benditos riesgos!). Porque, si abres las puertas a quien te trae un piano, el piano, al entrar en casa, pasa a pertenecerte a ti. Sin embargo, cuando Jesús entra en casa, es Él quien se apodera de cuanto tienes y cuanto eres, y eres tú quien le perteneces.

¡Bendito ladrón! No te dejes nada sin tomar, que no quiero otra cosa en esta vida que ser tu botín.

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