El Mar de Jesús de Nazaret

16 noviembre, 2018 – Espiritualidad digital

Caliente, caliente…

¿Te acuerdas de aquel juego? Escondías una moneda en el tarro del café que estaba en un armario de la cocina, y retabas a tu primo a encontrar el tesoro. Si tu primo se dirigía al dormitorio, decías: «frío, frío». Si entraba en la cocina: «caliente, caliente»; si se acercaba al armario: «muy caliente»; si cogía el tarro del café: «cuidado, que te quemas»; y, si metía la mano en el tarro, se acabó el juego.

Buscas la belleza, y contemplas seres hermosos: «¡Caliente, caliente!». Buscas la bondad, y te acercas a personas buenas: «¡Caliente, caliente!». Buscas la verdad, y admiras las palabras verdaderas y las personas auténticas: «¡Caliente, caliente!».

Sigue buscando; cada vez te acercas más. Pero recuerda que esas criaturas sólo dan calor. No son el fuego, aunque participan de su llama.

Un día, la tapa del tarro del café se abrirá, y se apartaran las criaturas para revelar al Creador. Se acabó el juego:

Llovió fuego y azufre del cielo y acabó con todo. Así sucederá el día que se revele al Hijo del hombre.

Ese día nos quemaremos en el bendito y dulce fuego de Amor que mana el más hermoso de los hijos de Adán.

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