El Mar de Jesús de Nazaret

12 noviembre, 2018 – Espiritualidad digital

Si tu hermano te ofende…

Te han hecho daño, y ahora no puedes dejar de pensar en ello. Ya no rezas por dentro, has perdido la presencia de Dios. En tu cabeza, no paras de hablar con quien te ha herido. Le estás cantando las cuarenta, las sesenta y las ochenta. Lástima que no te oiga.

Bueno, hay quien te oye. Dios te escucha. Pero eso, ahora, ni te consuela, ni te satisface. Por eso, has buscado otros oídos. Y te ha faltado tiempo para poner «de vuelta y media» a quien tú ya sabes ante tus amigos. Puede que esa persona te haya herido, pero tú, después de juzgarla y condenarla en tu interior, ahora la estás difamando.

Detente. Calla por dentro y por fuera. Y escucha a quien sufrió más injusticias que tú:

Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.

Eso es lo que deberías haber hecho, y lo que debes hacer en adelante: Cuando alguien te ofenda, en lugar de juzgarlo, reza por él. Después, cuando se haya pasado el enfado, tómalo a solas y repréndelo con cariño. Y, si no te hace caso… Sigue rezando. Dios lo juzgará. Y a ti te premiará, por haber obrado bien.

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