El Mar de Jesús de Nazaret

11 noviembre, 2018 – Espiritualidad digital

Ofrenda de amor

Todos los domingos, en misa, mientras el sacerdote ofrece a Dios el pan y el vino, se acerca al banco de la iglesia donde estás sentado esa señora -o ese monaguillo- que te planta delante de la cara el cestillo de la colecta. A ver si hoy llevas algo encima para… ¿para quién? ¿para el sacerdote? ¿para la parroquia?

Para Dios.

«¿Y qué necesidad tiene Dios de mi dinero?»

Se acercó una viuda pobre y echó dos monedillas. «Los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».

Al depositar en el tesoro del templo cuanto tenía para vivir, aquella viuda entregaba a Dios su vida entera. Y esa ofrenda sólo puede ser ofrenda de amor.

No te pido que cuentes el dinero que dejas en el cestillo. Además, si me permites un consejo, lo mejor sería que tu aportación a la parroquia la hicieras mediante una suscripción bancaria, como pagas las cosas que te importan, y tu ofrenda en el cestillo fuera simbólica. Como una palabra. Como las arras de una boda. Como una señal de que le perteneces al Señor con cuanto eres y cuanto tienes.

(TOB32)