El Mar de Jesús de Nazaret

10 noviembre, 2018 – Espiritualidad digital

Maniquíes de sacristía

La religiosidad también tiene su escaparate, sus maniquíes, sus pelucas y sus vestidos de temporada. Del mismo modo que existen fantoches de gimnasio, obsesionados con aparentar una forma física que nada tiene que ver con su salud afectiva, mental o espiritual, también hay monigotes de sacristía. Les gusta parecer piadosos, jugar a santos y lucir rosarios y crucifijos. Frecuentan parroquias y monasterios en pos de una reputación de ejemplaridad. Y, para lograrla, son capaces de derribar al santo de la peana y subirse ellos.

Vosotros os las dais de justos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones.

De todos los bailes de máscaras que ha producido la Humanidad, éste es el de peor gusto. Porque quienes lo bailan, mientras pretenden agradar a clérigos y beatos, ofenden al Dios de quien se sirven para su mascarada. Nada peor que un corazón podrido envuelto en formas piadosas.

Mira al Crucifijo: cubierto por los esputos de los beatos, y azotado por las infamias de los tartufos, esconde en su interior el corazón amabilísimo del Señor. Y mana sangre y agua, de la que beben aquellos que no hacen ascos de las burlas ni quieren agradar a nadie más que a Dios.

(TOP31S)