El Mar de Jesús de Nazaret

7 noviembre, 2018 – Espiritualidad digital

Preocupaciones familiares

En ocasiones, mientras contempla cómo nosotros tratamos de arreglar el mundo por nuestra cuenta, dándole vueltas y vueltas en la cabeza a los mil problemas que nos circundan, Dios se cruza de brazos. Sin abrir la boca, nos dice: «¡Adelante! Ya que te has propuesto ser Dios, sigue intentándolo. Y, cuando te canses, y quieras dejarme ser Dios a mí, aquí te espero».

A quien trata de suplantar a Dios a base de ocurrencias y preocupaciones, estas palabras del Señor le parecerán crueles:

Si alguno viene a mí y no pospone a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.

«¿Qué haría mi familia sin mí? ¿Cómo puedes pedirme que los deje solos, abandonados a su suerte, mientras yo me despreocupo de ellos para seguirte?».

No quieres entender a Dios. Si lo entendieras, su llamada te llenaría de paz: «Deja a tu familia en mis manos providentes, y tú ven a Mí y descansa en mi Amor. ¿Acaso no puedo yo cuidar de los tuyos mejor que tú?».

Déjale a Dios ser Dios. Tú sé niño, y disfruta de Él.

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