El Mar de Jesús de Nazaret

6 noviembre, 2018 – Espiritualidad digital

Los pobres y el tiempo libre

En la versión que san Lucas nos ofrece de la parábola de los invitados a la boda, la distinción entre ricos y pobres no la marca el dinero:

He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor… He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor… Me acabo de casar, y por ello no puedo ir.

Los ricos (e incluimos a los ricos en afectos humanos, como el que se acaba de casar) son quienes tienen «demasiadas cosas que hacer». Mantener las riquezas, conservar el afecto de las criaturas, preservar el control sobre las propiedades, esclaviza al hombre y lo atrapa en una red que le impide acudir cuando Dios llama. Tus riquezas, al final, pueden ser tu propio infierno.

Tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos

Los pobres, en cambio, están ociosos. Y ese ocio les permite acudir a la llamada de Dios.

No te invito a no hacer nada, sino a no tener «cosas que hacer». Disfruta de Dios, goza haciendo en cada momento su Voluntad, y no tengas nada más que hacer. Así, serás pobre, y todo tu tiempo será «tiempo libre».

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