El Mar de Jesús de Nazaret

15 octubre, 2018 – Espiritualidad digital

El conocimiento silencioso de los niños

Antes de aprender a hablar, y de comenzar a razonar, el niño ya conoce. Conoce por el tacto, por el sabor, por la mirada. No me preguntéis cómo, pero distingue bien la sonrisa de su madre. Se trata de un conocimiento inmediato, intuitivo… ¿primario?

Después aprende a hablar, y a leer. Cada vez más, su aprendizaje se compone de palabras. Son necesarias, siempre y cuando sepamos hasta dónde alcanzan. Con palabras y razonamientos se puede conocer la tierra, pero ninguna palabra puede contener el cielo, salvo la Palabra que bajó del cielo.

Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños.

Un día, a Teresa de Jesús se le acercó un ángel, y clavó en su corazón una saeta. No hubo palabras, ni razonamientos. Fue como el beso de una madre en la mejilla de su hijo. Todo el Amor de Dios estaba allí. Era dulce, y dolía. Dolía, y era dulce…

Teresa escribió mucho. Pero nunca supo explicar aquello. Quizá no quiso, o no pudo. Hay que vivir en la niñez silenciosa de los santos para atisbar ese misterio.

(1510)

“Evangelio