El Mar de Jesús de Nazaret

13 octubre, 2018 – Espiritualidad digital

Bienaventurados, también, nuestros cuerpos

Si los evangelios nos traen noticia del elogio dirigido a la santísima Virgen por una mujer de entre el gentío, es porque, en aquel elogio, se manifestaba el Espíritu de Dios. Sin saberlo, aquella mujer fue profetisa, y anunció la Asunción de María en cuerpo y alma a los cielos.

¡Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron!

La bienaventuranza es la dicha de los elegidos en el reino celestial. Llamar «bienaventurados» a un vientre y a unos pechos es anunciar que esos miembros mortales heredarán la gloria.

Así sucedió. Fue llevado al cielo el vientre que había sido sagrario del Verbo divino. Y lo fue, también, porque el cuerpo de la Virgen se hizo digno de esa gloria al guardarse del pecado y conservarse limpio para Dios.

Bienaventurados, también, nuestros cuerpos, que comulgan la carne y sangre del Hijo de Dios. ¡Cómo debemos amar nuestros miembros mortales, y con qué cuidado debemos guardarlos del pecado! Qué terrible sería que la misma lengua que sirve de pesebre al Niño Jesús sirviera, también, de estercolero de murmuraciones.

Venera tu cuerpo, y guárdalo del pecado. Recuerda que también él, tras ser purificado, está llamado a heredar la gloria.

(TOP27S)

“Evangelio