El Mar de Jesús de Nazaret

3 octubre, 2018 – Espiritualidad digital

La almohada perfecta

Lo normal es dormir en casa. Dormir en un hotel es una excepción. Y dormir en casa ajena es, muchas veces, un incordio, porque no sabes dónde está tu cepillo de dientes. Además, tanto en el hotel como en casa de otro, extrañas tu colchón y tu almohada. Quien no tiene una casa para dormir no tiene hogar.

Las zorras tienen madriguera, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza.

Desde que abandonó Nazaret, Jesús fue un hombre sin hogar. Digámoslo mejor: fue el hombre que caminó en busca del Hogar para Él y para nosotros. Pero, durante ese camino, que ascendía la pendiente del Calvario y atravesaba la puerta de la Cruz, Jesús apenas descansó.

Recuerda que caminas en pos de Él. No busques «descansitos» en esa peregrinación hacia el cielo, permitiéndote –como si te los merecieras– consuelos carnales y afectivos que te atan y te ponen en peligro.

Aprovecha la noche para dormir, disfruta de tu familia y tus amigos sin apegarte… Y, además, posees un privilegio que Jesús no tuvo: tú si tienes dónde reclinar tu cabeza. Haz como san Juan, y reclínala en el pecho del Señor.

(TOP26X)

“Evangelio