El Mar de Jesús de Nazaret

1 octubre, 2018 – Espiritualidad digital

Bendito ridículo

Los niños tienen la virtud de sacar lo más ridículo de nosotros sin que nos duela. Es curioso cómo la persona más seria y estirada, cuando le ponen delante a un niño, comienza a hacer cosas que, en otra situación, le convertirían en el hazmerreír: se agacha, imposta la voz, le hace cosquillas al pequeño, pone caras estúpidas para hacerlo reír… Si le grabasen dejando fuera de la escena al niño, su reputación se echaría a perder. Parecería un borracho, o un loco. Pero, con el niño delante, todo ridículo está permitido.

Bendito ridículo, que nos devuelve a la infancia.

El que acoge a este niño en mi nombre me acoge a mí.

Te lo voy a poner más fácil, es decir, más íntimo: en lugar de quebrarte la cabeza durante la oración, buscando el propósito perfecto, o el pensamiento más elevado, imagina ante ti al Niño Jesús, y juega con él. Nadie te ve, todo sucede por dentro, no temas. Pero suéltate, por favor: tírate a tierra con el Chiquitín, ríe con Él, búscale las cosquillas y escúchale reír, hazle carantoñas… Hasta que llores de alegría.

Te aseguro que habrás hecho una oración maravillosa. Aunque salgas sin ningún propósito.

(TOP26L)

“Evangelio