El Mar de Jesús de Nazaret

octubre 2018 – Espiritualidad digital

La puerta equivocada

El relato en el que el Señor muestra como se cierran las puertas del cielo ante quienes desean entrar es terrible. Sobrecoge la respuesta con que Dios los despide:

No sé de dónde sois.

Si leemos el pasaje entero, comprenderemos que la clave del rechazo no reside tanto en la exigencia del Señor cuanto en el error que cometieron quienes se equivocaron de puerta. Por ahí no se entra.

Esforzaos en entrar por la puerta estrecha.

Trataban de entrar por la «puerta ancha», la de la alfombra roja y los fotógrafos cubriendo el paso de celebridades. Llegan exhibiendo sus méritos y alardeando de su influencia:

Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas.

Piensan que Dios se lo debe; que han comprado la entrada; que lo merecen. «Fui a misa, hice limosnas, formé parte de los grupos parroquiales y rezaba todos los días. Tienes que dejarme entrar».

Mientras ellos alardean, el Hijo de Dios entra en el cielo desde la Cruz, por la puerta de los pecadores que hacen penitencia y lloran sus pecados; la de los pobres, los humildes y obedientes.

Ten cuidado, por favor. No te equivoques de puerta. Ninguna otra lleva al cielo.

(TOP30X)

Desde dentro

¿Qué diferencia hay entre obedecer una señal de tráfico y darle un beso a tu madre?

Cuando obedeces una señal de tráfico, acomodas tu conducta a una norma escrita en un poste. Cuando das un beso a tu madre, haces lo que te sale del corazón.

Así es el paso de la Ley a la gracia. Mientras la Ley estaba escrita en tablas de piedra, la gracia opera desde dentro del corazón humano, enciende allí el amor a Dios, y no tiene el cristiano más que dejarse guiar por ese amor para alcanzar el cielo.

Es semejante a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su huerto… Es semejante a la levadura que una mujer tomó y metió en tres medidas de harina.

El grano de mostaza actúa desde dentro de la tierra, y la levadura desde dentro de la masa. Del mismo modo, el cristiano se santifica desde dentro, cuando abre su corazón a la gracia. El Espíritu transforma el alma y la enamora de Cristo.

También los cristianos santifican el mundo desde dentro, cuando no tienen miedo a santificarse allí donde Dios los sembró, dentro de una sociedad que ha renegado de su Creador.

(TOP30M)

Un Belén en la sinagoga

la mula y el bueyPara toda iluminación que pueda recibir un hombre, siempre ha habido otro que la ha recibido antes; y es difícil que, en dos mil años, pueda nadie descubrir algo nuevo en los evangelios. Pero a mí se me ha iluminado esta página, y he recibido la luz como si fuera el primero. Dejo a la curiosidad de los lectores la tarea de averiguar si alguien se me adelantó.

Me ha sorprendido, y me ha alegrado, ver a Jesús, con treinta años, de nuevo en el portal de Belén. Allí, en aquella sinagoga, aparecieron, de repente, el buey, la mula y el pesebre.

Cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar?

En el pesebre se come, y se bebe en el abrevadero. Pasados más de treinta años desde que habitara en aquel portal, Jesús se encuentra a medio camino entre los dos. Y ha desatado al buey y a la mula, para llevarlos, del pesebre de Belén, aquella «casa del pan» donde reposó el Pan de vida, a la fuente de la Cruz, donde no sólo las ciervas, sino también la mula, el buey y nosotros beberemos de su costado.

(TOP30L)

Dos historias para un milagro

BartimeoSegún como se cuente, la historia de Bartimeo es la de un héroe, o la del pordiosero más agraciado del mundo. Pero sólo una de las dos historias es cierta.

Llamaron al ciego, diciéndole: «Ánimo, levántate, que te llama». Soltó el manto, dio un salto, y se acercó a Jesús.

1.– Historia de un héroe: Había un pobre ciego que pedía limosna. No tenía, en este mundo, más patrimonio que un manto sucio con el que se resguardaba del frío. Al escuchar que pasaba Jesús, tanto quiso honrarlo que dejó su manto en el suelo para que otro pobre lo cogiese, y siguió a Jesús despojado incluso de su ropa, como san Francisco.

2.– Historia de un mendigo agraciado: Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí. Así imploraba el mendigo. Cuando le anunciaron que Jesús lo llamaba, y supo que recobraría la vista, fue tal su alegría que hasta su manto olvidó en el suelo. Lo que hasta entonces había sido su tesoro le parecía basura, ante la dicha de volver a ver. Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Anda, examina tu vida, y cuéntate a ti mismo tu propia historia. Sin mentir.

(TOB30)

Tu dios y tu sangre

Las malas noticias corren como la pólvora:

Se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían.

La crueldad del procurador romano, además de terrible, era innecesaria. No hace falta ningún sádico para que la sangre del hombre se vierta unida a la de los sacrificios que ofrece a su dios. Para bien, o para mal, sucede siempre.

Hay quienes le ofrecen al trabajo sus mejores años y sus mejores horas. Abandonan a sus familias, a sus amigos y su propia alma. Finalmente, le entregan también la salud a su dios, y su sangre queda vertida en el logotipo de una empresa.

Hay quienes viven para el placer. Llámalo drogas, alcohol, sexo… Esclavizados por la sensualidad, se convierten en un monstruo de egoísmo. Y, tras entregarle la vida a ese ídolo, los excesos se comen su salud, y le acaban entregando también su muerte.

Hay quienes viven para Cristo. Son los más bienaventurados de los hombres. A Él le ofrecen cuanto son y cuanto tienen. Y, llegada su hora, su sangre se vierte junto con la sangre del Cordero y obtienen la redención de muchas almas.

Elige.

(TOP29S)