El Mar de Jesús de Nazaret

octubre 2018 – Espiritualidad digital

Cristianos que hablen de Cristo

Hace unos días, un sábado por la tarde, se congregó en la entrada de mi parroquia un grupo de niños acompañados por sus padres. No venían a la iglesia; simplemente, habían concertado ese punto de reunión para comenzar una actividad al aire libre organizada por alguna asociación cultural. Yo estaba rezando dentro, arrodillado, y alguno de los niños entró en el templo a curiosear. Me miró, y me dijo:

– ¿Y tú quién eres?

– Soy un sacerdote. ¿Sabes lo que es un sacerdote?

– No. ¿Y qué haces?

– Rezar. ¿Sabes rezar?

– No.

No os cuento más. Baste este pequeño episodio como ejemplo de la cantidad de personas que ya nada saben de Cristo. Es tristísimo sólo pensarlo. Y ojalá nos demos cuenta de la urgente necesidad que tiene Occidente de cristianos que hablen de Cristo.

Quienes no lo conocen no necesitan consejos morales que no entenderían, ni reproches apocalípticos que los desconcertarían. Necesitan, simplemente, cristianos que hablen de Cristo, que lo den a conocer sin miedo, con cariño de enamorados y orgullo de discípulos. Alamas fascinadas que fascinen.

Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios.

(TOP28S)

“Evangelio

Si ahora no te ven, mañana te verán

Tengo un amigo que saluda cada vez que se afeita. Aunque está solo en el cuarto de baño, piensa que, el día del Juicio Final, toda su vida saldrá a la luz, y que, entonces, será divertido que lo vean saludar.

Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse, ni nada escondido que no llegue a saberse.

No te pido que imites a mi amigo, sino que, como él, te tomes en serio estas palabras del Señor. Guárdate de aquello que se hace a escondidas; me refiero a aquellas cosas que te harían sentir vergüenza si se conociesen. Porque se conocerán. Y Dios las conoce ya. Por tanto, si, para hacer algo, tienes que esconderte, por temor al juicio de los hombres, teme más el juicio de Dios, y no lo hagas.

Hay, también, dentro de ti, sentimientos que no te gustaría que salieran a la luz. Si estás sonriendo a alguien, y, por dentro, piensas: «¡qué pesado es, no hay quien lo aguante!», evita esos pensamientos y reza. Porque, un día, se sabrá lo que pensabas. Y Dios lo sabe ya.

Mejor, guarda escondidas cosas que te hagan brillar el día del Juicio. Haz el bien sin buscar protagonismos.

(TOP28V)

“Evangelio

¡Manos a la obra!

«Obrero» es el que vive de la obra. Si el tío Antonio decide hacerse una barbacoa en el chalet, y dedica unos ratos libres a poner hierros y ladrillos unos encima de otros, no por eso es un obrero. El obrero madruga, trabaja, suda, y llega cansado a casa.

Rogad, pues, a dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

 Hay pocos obreros en la mies de Cristo. ¿Por qué no eres tú uno de ellos? ¿Vas a pedirle al Señor que los envíe, mientras contemplas como trabajan?

No me engañes, ni te engañes. Porque, un día, hayas quedado con un amigo, y le hayas sugerido que se confiese, eso no te convierte en un obrero, sino en el tío Antonio. Serás obrero de la mies del Señor cuando te vaya la vida en tu apostolado:

Cuando conviertas tu trabajo profesional en siembra de amor divino.

Cuando te pregunten por tus dolores, y hables de almas que viven sin Dios.

Cuando las dificultades y sufrimientos de la vida los conviertas en monedas con que comprar almas.

Cuando quienes no conocen el Amor de Dios te roben lo mejor de tus oraciones.

¿A qué esperas? ¡Manos a la obra!

(1810)

“Evangelio

¡Qué ruda es la ruda!

¿Alguien sabe lo que es la ruda? Lo he tenido que buscar en Wikipedia. Y, la verdad, me parece un arbusto bastante repugnante. Por si fuera poco, según la discutible enciclopedia digital, tiene una digestión terrible, por muy bien que huela. En fin, como no tenía pensado hacerme vegano, evitaré el arbusto en mi dieta alimenticia.

¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!

Parece ridículo que, por un arbusto tan repulsivo y prescindible, pueda alguien pasar por alto nada menos que el Amor de Dios, que es la dulzura más sublime y exquisita para el alma. Y, sin embargo, lo cierto es que hacemos cosas peores.

Te obsesionaste intentando arreglar la cisterna del inodoro, y se te pasó la hora de misa. Te enfrascaste en tus preocupaciones, y les entregaste el pensamiento hasta el punto de no acordarte de Dios en todo el día. Te llenaste de indignación por una estupidez que te dijeron, y, a causa del enfado, dejaste la oración. Te interrumpieron durante el rosario, y ya no lo terminaste.

¡Casi mejor la ruda!

(TOP28X)

“Evangelio

Si lo haces, hazlo bien

A la hora de rezar, rezar. A la hora de trabajar, trabajar. A la hora de descansar, descansar. Y, a la hora de misa, a misa. Si el confesor te da un consejo, lo cumples.

No está mal. Mal estaría que durmiésemos a la hora del trabajo, o encendiéramos el televisor a la hora de misa. Pero esa serie de movimientos que tratan de poner por obra lo que Dios quiere no bastan para ser felices, ni para ser santos.

Es preciso, además, poner el corazón en cuanto hacemos, y hacerlo por amor.

Dad limosna de lo de dentro, y lo tendréis limpio todo.

Porque si, mientras rezamos, nuestro corazón se escapa a las preocupaciones y asuntos de este mundo… Si, mientras trabajamos, estamos deseando terminar para dedicarnos a otra cosa… Si, mientras estamos en misa, miramos el reloj deseando que la misa termine… Si obedecemos al confesor a regañadientes, pensando que no nos comprende… ¿Podremos ser felices? ¿Podremos ser santos?

Mira: si, a la hora de servir a Dios, te reservas el corazón y le entregas sólo el cuerpo, ni gozarás de Dios, ni gozarás del mundo. Dale primero a Dios el corazón, y el cuerpo se moverá solo.

(TOP28M)

“Evangelio