El Mar de Jesús de Nazaret

4 septiembre, 2018 – Espiritualidad digital

Hombres y demonios

Me han preguntado algunas veces si Dios ama a los demonios. La respuesta es casi evidente: Dios no deja de amar nada de lo que ha creado. Pero su relación con esos espíritus encarcelados es de dominio absoluto.

Jesús lo increpó diciendo: «¡Cállate y sal de él!».

Con los hombres pecadores, sin embargo, Jesús fue, gran parte de las veces, dulce y misericordioso. ¿Por qué esa diferencia de trato? ¿Acaso Dios ama más a los hombres que a los ángeles? ¿Por eso los privilegia con dulzuras y perdón, mientras a los demonios les manda y los obliga con rigor?

Los ángeles caídos tuvieron su momento para elegir con plena lucidez. Y, una vez que eligieron la enemistad con su Creador, ya no pueden volver sobre sus pasos ni arrepentirse. Por eso, Dios no puede esperar de ellos más que obediencia servil.

Del hombre pecador, sin embargo, Dios espera más. Mientras dura su vida en la tierra, el pecador aún puede arrepentirse y volver sobre sus pasos. Por eso Jesús tiende hacia él lazos de amor y misericordia, esperando la conversión del hombre a quien ama.

Aprovecha esa oportunidad mientras vives. Mira que, después de la muerte, ya no encontrarás confesonarios.

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