El Mar de Jesús de Nazaret

septiembre 2018 – Espiritualidad digital

¿Quién es «de los nuestros»?

La primera crisis que sufrió la Iglesia vino a cuenta del jamón de bellota. La Ley de Moisés prohibía a los judíos, entre otras cosas, comer carne de cerdo. Pero, un buen día, a la hora del aperitivo, Dios le mostró a Pedro, en una visión, una tabla de ibéricos de Guijuelo, y le dijo: «Come». Simón supo que, a partir, de entonces, la salvación ya no estaba encerrada en Israel, sino que se derramaría a todos los hombres. Pero no todos lo entendieron igual de bien.

Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros.

Ya, por entonces, los apóstoles apuntaban maneras. Pero se dejaron traspasar por el Espíritu, y sus corazones se abrieron hasta convertirse en «católicos», universales.

Hoy, las fronteras no las traza el jamón, sino las ideologías: «Éste es de izquierdas», «éste vota a los populistas». Son formas de decir: «no son de los nuestros», y protegernos contra ellos.

Pero, de nuevo, nos equivocamos. Todos son «de los nuestros». Simplemente, algunos no lo saben. Y nosotros tenemos el mandato de acercarnos a ellos y anunciarles que Dios los ama, que son «de los nuestros».

(TOB26)

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Reina de los arcángeles

Hoy, mientras celebramos a los santos arcángeles, quisiera tener presente a su Reina, la Virgen santísima. Ella es mediadora de todas las gracias, y no es ajena, en la vida de la Iglesia, a la acción con que los ángeles protegen a los hombres. Todo viene del Padre a través de Cristo, y todo lo de Cristo pasa a nosotros a través de Ella. Ese fluir del Espíritu trae hasta nosotros también a los ángeles, como si descendieran por un tobogán de agua…

O por una escalera. Hace veintisiete años, en Gyor (Hungría), visité la Abadía de Pannonhalma, un antiguo convento de benedictinos. En ella encontré una imagen que me dejó sobrecogido. Representaba el sueño de Jacob, cuando vio una escalera por la que los ángeles descendían sobre la tierra. Alrededor del cuadro, estaba escrito: «Sponsa Dei electa, esto nobis via recta ad aeterna guadia». Pertenece a una antigua antífona mariana, y se refiere a la Virgen: «Elegida esposa de Dios, sé para nosotros el camino recto a los gozos eternos». Ella es la escalera.

Veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.

Reina de los arcángeles, ¡ruega por nosotros!

(2909)

“Evangelio

El hombre más solo de la tierra

Pocas veces se hace hincapié en la soledad humana que experimentó, durante su vida pública, Jesús de Nazaret. Escribo «durante su vida pública» porque, en Nazaret, la Virgen palió mucho esa soledad. Ella lo conocía como Dios y como hombre. Con su Madre, Jesús se sintió comprendido.

Pero, en cuanto abandonó el hogar, se convirtió en el hombre más solo de la Tierra; un hombre con un secreto que nadie conocía, y que a nadie podía explicar. Como tú, y como yo, tenía necesidad de sentirse comprendido, y pocas veces encontró unos ojos que, con su brillo, le dijeran: «tranquilo, sé quién eres».

Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas.

Nada. Ni idea. Además, ¿a quién le interesaba? Con tal que siguiera haciendo milagros, muchos se daban por satisfechos.

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Lo pregunta con ojos tristes, casi lo mendiga.

Pedro respondió: «El Mesías de Dios».

Respira Jesús, aliviado por dentro, y mira con cariño a Simón. Pedro, su amigo, hizo que Jesús se sintiera menos solo.

Dile tú: «Sé quien eres. Eres mi vida, mi Amor, mi todo. ¡Jesús!»… Desde la Hostia, te sonreirá.

(TOP25V)

“Evangelio

Frívolos

Confieso que Herodes siempre me ha parecido un idiota. No puedo ser imparcial con él. Comido por la lujuria, y dominado por su concubina, encarceló al Bautista. Luego bajaba a la mazmorra a escuchar sus sermones, y disfrutaba. Pero, tras finalizar la homilía, volvía a la cama a fornicar con Herodías mientras –seguro– le contaba lo espiritual y reconfortante que era Juan. Un tipo así me produce nauseas. La frivolidad convierte a los hombres en monstruos de estupidez, capaces de tratar lo sagrado con la misma seriedad con que un niño devora sus «chuches».

A Juan lo mandé decapitar yo. ¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?

A los frívolos les encantan los milagros. Oyen hablar de apariciones, curaciones y exorcismos, y la excitación mental les puede. Pagarían por alquilar un santo que les moviese los montes delante de su chalet.

Y tenía ganas de verlo.

Finalmente, lo vio. Pero, en lugar de encontrar un taumaturgo, encontró un hombre atado e indefenso. Y lo despreció.

Tú no seas así, por favor. Aprende a encontrar a Jesús en la sencillez de la Hostia, y no me vayas detrás de todo lo «extraordinario» como si te aburriera el silencio de Dios.

(TOP25J)

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Tener dos chaquetas, y tener sólo a Dios

Un buen padre le dice muchas veces «no» a su hijo: «no hagas eso», «no toques eso», «no comas eso»… La mayor parte de las veces, son «noes» protectores: con ellos, trata de proteger al pequeño ante peligros que amenazan su salud, su vida, o su integridad.

En la enseñanza de Jesús hay, también, muchos «noes». Pero, a diferencia de los del padre de familia, los de Jesús, más que protectores, son liberadores:

No llevéis nada para el camino… Tampoco tengáis dos túnicas cada uno. Nada hay de malo en llevar una mochila cuando se viaja. Y ¿quién no tiene un par de chaquetas? La recomendación del Señor va más allá de la prevención de un peligro. Realmente, Jesús está invitando a los suyos a soltarse, a desprenderse de todos los bienes creados para abrazarlo sólo a Él.

Eres un niño. Y estás en la puerta de casa jugando a la pelota. Jesús te llama: «Deja la pelota y entra en casa a estar conmigo». Es decir: «suelta todo eso que tanto te preocupa, y entra en tu alma a disfrutar de mí». Luego experimentarás lo que decía santa Teresa: «Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta».

(TOP25X)

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