El Mar de Jesús de Nazaret

26 agosto, 2018 – Espiritualidad digital

Cuando Dios no es «manejable»

Cuando Juan Bautista envió a dos discípulos a preguntar a Jesús si era Él el que tenía que venir, Jesús les dijo: Bienaventurado el que no se escandalice de mí (Mt 11, 6).

Por desgracia, fueron muy pocos. Gran parte de quienes rodearon al Señor lo siguieron mientras Cristo era «manejable», como lo es cualquier instrumento que te reporta un beneficio. Buscaban milagros, disfrutaban de la compañía de un hombre maravilloso, se deleitaban escuchando palabras de esperanza, se alegraban cuando alguien expulsa al demonio de sus hijos… Mientras pudieran «manejar» al Señor y beneficiarse de su poder, lo siguieron.

Pero cuando Jesús desplegó ante ellos palabras que los desbordaban; cuando identificó la salvación con la deglución de su cuerpo y la ingestión de su sangre… Entonces se escandalizaron. A ese Jesús no lo podían manejar. O se entregaban a Él por completo, o lo abandonaban.

¿Quién puede hacerle caso?… Se echaron atrás y no volvieron a ir con él.

Jesús, desolado, se acercó a sus apóstoles.

Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna.

Bienaventurado el que no se escandalice de mí. Bienaventurado Simón. Tampoco había entendido el discurso, pero se fio de Jesús. Después comprendió.

(TOB21)