El Mar de Jesús de Nazaret

25 agosto, 2018 – Espiritualidad digital

No mendigues tanto

Mírate: ¿no das un poco de pena?

Buscas aprobación, exiges reconocimiento, pides gratitud, mendigas cariño, te quejas de que no te tienen en cuenta, mides tus palabras calculando cómo van a caer… Te pareces a los fariseos: Todo lo que hacen es para que los vea la gente.

No tienes nada dentro, y, por eso, todo lo buscas fuera. Padeces un ansia infinita de afecto, y pretendes que las criaturas sacien tu sed. Pero no pueden. Porque –no te enfades–, ni eres la única persona sobre la tierra, ni caes bien a todo el mundo. Y aunque la Humanidad entera no tuviera otra cosa que hacer que mimarte a ti, ni siquiera eso te bastaría. Tu sed, aunque no lo sepas, es sed de Dios.

Anda, reza. Reza mucho. Comienza a llenarte de Dios por dentro. Poco a poco, se abrirá en tu interior una puerta que te mostrará en cielo en tu alma. Y recibirás tanto Amor, que ya te dará igual la pobre recompensa de las criaturas. Serás feliz aunque te desprecien, y, si te alaban, tendrás en poco la alabanza. A quien está saciado de buen pan, poco le dice un chicle caído en el suelo.

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