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9 agosto, 2018 – Espiritualidad digital

Iluminados y despiertos

La parábola de las diez vírgenes es todo un tratado de espiritualidad cristiana, aunque también es, por desgracia, la constatación de muchos de nuestros fracasos. Ninguna de aquellas diez que tomaron aceite en sus lámparas y salieron a encuentro del esposo  estuvo a la altura de lo que se esperaba de ellas. Todas se durmieron, y despertaron a última hora, cuando ya poco se podía hacer. Por eso, sólo entraron al banquete aquellas cinco que habían sido previsoras, y habían tomado un suplemento de aceite en sus alcuzas.

Son las dos disposiciones que Dios le pide al alma del cristiano: la lámpara encendida es símbolo del alma en gracia, y el estado de vela señala a la vida de oración. Ambas disposiciones se necesitan entre sí:

¿De qué te sirve estar en gracia si no rezas? Poco durará esa gracia en tu alma si no la alimentas con unos tiempos fijos de oración, y con una presencia de Dios ininterrumpida.

¿De qué te sirve rezar, si esa oración no te lleva a frecuentar los sacramentos y a llenar tu alma con la gracia divina? Sin la unión de amor que consuma la gracia, tu plegaria más parece superstición que oración.

(0908)